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CARLOS ADALBERTO FERNÁNDEZ (CABA-Buenos Aires-Argentina)

CASI UNA PAREJA

—De mi baño me piden más papel higiénico —dijo Mabel. Agregó con indulgencia—. Si quiere lo busco yo.
—No se moleste, Rubia. Será con bastón, pero todavía puedo caminar —respondió Julián, enderezando la espalda. El traje, viejo pero bien zurcido, bien planchado, todavía le caía bien. Ella lo notó cuando él, al volver, conciente de su mirada, parecía Fred Astaire, bamboleando con elegancia el bastón.
—¡Puf! Si eran más de 50 pasos me sentaba en el suelo —Julián le entregó los rollos, mientras respiraba hondo. Mabel entró con los rollos al baño de damas. Salió al momento, recibió la propina de una clienta y se sentó al lado de la mesa, a la entrada del vestíbulo de “Sanitarios”. Mientras tanto él reponía en la mesa jaboncitos, profilácticos y toallitas de papel.
—Parece que hoy tenemos un buen sábado, ¿no? —comentó Julián cordial, pero sin alegría en el rostro—. Vino la rubia ¿vio?
—Si. Vi.
—La suplente, digo —corrigió Julián, al notar la seca expresión de Mabel—. Porque Rubia, la Rubia, la titular, ninguna como Ud.
—Siempre que viene me deja buena propina, la zorra —Mabel ya no escuchaba, envuelta en los remolinos del pasado—. “Rubita”, me dice la desconchada, “si quiere verme bailar pídame, que le aviso al dueño que la deje unos minutos. Se va a quedar pasmada, pero lo suyo, en su época, tenía mérito”. Diga que después iba a gritar “esta vieja loca me atacó, no sabe ocupar su lugar, si alguna vez lo tuvo....”, que si no le arranco los postizos.
—Yo la ví, Rubia —cuántas noches, cuántas vigilias en la puerta de los baños había repetido esto—. Me temblaban las piernas, se lo juro. Esos giros, ese vaivén de diosa del tango. Me moría. Ésta no le llega a la suela.
—Si ¿No?—. De los recodos del cansancio retornó la feminidad en Mabel, luminosa y cálida de recuerdos y orgullos remotos.
—Se acuerda, don Julián, casi hacemos pareja —iniciaba ella, una vez más, la evocación.
—Cómo olvidarlo. Fue después del desafío: yo con la Valeria y Ud. con uno que...
—Con el Oriental —recordó ella. Julián siempre olvidaba el nombre de su adversario—. Éramos una buena pareja.
—No lo dudo. Pero diga que a la Valeria le faltaba pista, que si no, quién sabe.
—Sí, quién sabe. Ahí fue cuando lo pedí a Ud. como pareja suplente. Parecíamos, yo pensaba, uno para el otro. Tome, pruebe estos bombones que robé del bar.
—Yo no dormía esperando esa noche. Yo, pareja de la Rubia, quién diría. Quien diría que la desgracia, o ese desgraciado, me iba a dejar sin futuro —pasaban las noches con su evocación ineludible; Julián se consolaba algo con los bombones.
—Cuando en esa pelea se mancó –del pié, digo- el tango perdió un gran bailarín y una gran pareja.
—¿Lo cree, Rubia? —la pregunta de siempre—. Pero bueno, eso ya pasó. No revivamos el pasado.
—¿Y qué otra cosa hacemos cada noche, don Julián? Evocar lo que pudo ser. No, lo que fue, casi —Mabel retiró de la cartera la petaca y se la alcanzó a Julián—. La llené. Viene bien para este frío.
Fueron tomando y pasándose la petaca, un rato largo, plácidamente, hasta disolver el pasado en los calores del cuerpo.
—Ya podemos cerrar el kiosquito ¿no? —comentó Julián como evaluando—. Ya es la hora y si nos quedamos aquí con este frío...
—Tiene razón. Guarde las cosas y espere que caliento el agua para las bolsas y a la camita.
—Sí. Su camita nos vendría bien, ¿eh, Rubia? —preguntó Julián, con su mejor sonrisa compradora.
—Está medio mimoso, don. Pero bueno, la noche es muy dura para enfrentarla en soledad. Espere que lleno las bolsas. Pero que no vaya yo a sentir una manito por ahí, y que Ud. se disculpe con lo del Parkinson —previno Mabel con tono admonitorio.
—Es que sabe, Rubia, hace mucho frío, uno está endurecido...
—Si llego a notar algo endurecido lo hecho de la piecita aunque caiga nieve.
Y los dos fueron subiendo la escalera, con loable rapidez, cuchicheando y riendo.
Abajo uno de unos casuales espectadores los miraba indignado.
—Mirá vos esos desechos humanos, van a revolcarse en un remedo lastimoso de sexo. Y están contentos, qué vergüenza. De sólo pensarlo... da asco, che.

NIÑO MISERIA (un niño, un fin de año)

¿Dónde está tu pesebre, niño?
¿Aún no llegaron los regalos?
No hubo estrella que alumbrara el camino,
ni habrá ningún milagro en tu Milagro.
No te trae al mundo una misión.
sino la maldición de un infausto camino
y un final abrupto.
Pero comienza a andarlo, pues cuando lo termines
no retornarás al tercer día
ni nunca.

EN UNA BALDOSA

Qué tiene esa baldosa, que brilla incandescente,
Nada refleja. O sí, una luz interna.
un recuerdo, una ofensa pendiente,
un amor, un muerto, una rencilla eterna,
el brillo de un cuchillo aún candente.
Hay universos guardados en baldosas.
Concisa intensidad. No es requerido
un espacio mayor sólo un latido,
un vaivén, un orden de las cosas
en el granito que, si amó, ha sufrido
Un tango con el ritmo encadenado
al límite del espacio definido.
Dos seres que recorren un gemido
de la carne que late, lado a lado.
Una pelota, un pie, una pisada.
Un amague mínimo, un devaneo
y un arranque fulmíneo, que fue gol, yo creo
en la vereda de baldosa alborotada.
Dos guapos comulgando, en recio duelo
espacio de cuchillos, cuerpos, muerte,
esperando que al fin un ser inerte
se derrumbe, flácido, en el suelo.
Uno murió, tal vez los dos, no obstante
la baldosa guardará un recuerdo
congelado en la piedra, ya distante.
Una pareja fundida en la baldosa
oscura y escondida de un zaguán lejano
desmayan y renacen en esfuerzo vano
de eternizar un sueño, una efímera rosa.
Mi Buenos Aires late en universos
de baldosas finitas, qué ironía.
Cada lápida, guía a los conversos
buceadores del mito y la utopía.
Dónde está mi losa, Qué ilumina.
Qué paso mínimo definió mi vida,
qué baldosa insomne resguarda y determina
qué sueño, qué vigilia, qué lugar, qué herida.

MONSTRUO NUESTRO

Temebrae...
El monstruoso engendro de los dioses enfermos
recorre agazapado
las cercanías del templo oscuro
donde seres de heces reales y fétidas
lo vomitaron entre risas y mordiscos.
De Él será el pantano borboteante
y toda alimaña de ponzoña letal
y toda víscera de inocente
capturado para alimento y placer
(de violar, sangrar y saborear)
de los Hacedores.
De Él serán los frutos horrendos,
los Polifemo, los Cerbero, los de jiba maloliente.
Y seleccionarán las mutaciones más absurdas
Y poblarán las galaxias. Y les llamarán “humanos”.
Y serán los elegidos,
y a Él le rezarán:
“Monstruo Nuestro que estás en los cielos...”

ENTRE SOLEDADES

Nací. Viví, tal vez.
Ya voy muriendo.
En tanto, creo estar
aconteciendo.
Sólo llegué. Y viajaré
cuando me toque
salir de esta estación
llamada Vida.
(que es posible hallar algo de vida
entre estación final y de partida)
Se vive el miedo, la ilusión,
el odio,
la pasión, la frustración, el llanto.
Y la felicidad
que nunca dura tanto.
¿Amor? Un avatar, que duele
que hiere, que carcome y muele.
Pero vivir, sentir la vida
que hiende viboreando la salida
de la soledad, del vacío, de la nada.
Sentir el Otro, ser el Otro, darse.
Cuando Uno ya no es Uno,
uno vive y es,
aunque se extinga.
Si yo fui más que yo
tal vez no llegue
tan solitario, al punto de despegue.

¿Y SI PROBAMOS?

Estamos solos, en el bar.
No te conozco ni sé si me interesa
Mentir, gozar, “¡nos vemos!”.
Me miras. Sé que piensas, harta de transa al paso
“Sexo one-shoot, mi hastío diario”.
Cada vez desde más lejos, yo y quién sea,
Tú y un cualquiera.
Un espasmo y ya, y más desconocidos
Pues murió el interés, sobre un colchón.
¿Es que no hay esperanza?
¿Es que murió el futuro?
¿Sólo quedan rescoldos de un sentir humano?
Sólo un mortal aburrimiento, esferas ciegas
Derivando en el vacío...
¿Y si probamos?
La maravilla de un TU y YO, milagro eterno
Un recorrer el cielo y el infierno
En paseo de dos, uno en el otro, sueño con sueño
Conocer, entregar, recibir,
Explorar la infinita maravilla
Del encanto mutuo.
Somos Adán y Eva, y un nuevo paraíso.
La serpiente no está, entremos.
Te daré sólo un beso. Tal vez tres. Después veremos.
¿Quién sos? Yo soy... viajemos. El nuevo mundo espera.
Hay mucho que explorar, y sobra el tiempo.
¿Es cursi? No, es muy dulce
la delicia del ensayo lento, la danza leve del amor
bajo la nota aérea del cristal vibrando en armonías de dos almas
No me mires así.
Bueno. Subamos.

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